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Bienvenido(a) a forestux.es lunes, 23 julio 2018 , 03:06 CEST

De caza con Alytes.

ForestuX
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En la Comarca abrimos una día a la semana la cabaña para dar atención al público.

Es el día que menos me gusta, si me toca quedarme a mi, porque, a fin de cuentas, yo soy bicho de campo. Pero, en cualquier caso, procuro tratar al administrado con educación y con respeto, y solucionarle, en la medida de lo posible, sus dudas y sus problemas: los funcionarios nos debemos al cuidadano.

Aquel día, preveyendo, por la época del año, que iba a ver mucha afluencia de público, me acompañaba Mus. Mus musculus no es mal compañero: diligente en lo suyo, capaz, y de los que echa un capote cuando hace falta; donde no lo quiero es en un incendio, porque pasa más miedo que una trucha en un congreso de garzas... Y el miedo es muy atrevido, oiga.

Hacía un día maravilloso, y yo me dispuse a atender a los administrados con diligencia, pero al poco vino uno a joderlo:

-Oye, que tenéis que autorizar una esperas en Valdemorro.

Mus ya se disponía, aplicado él, a inquirir al recién llegado en busca de más información al respecto. Una fría mirada le alertó, al ver mi rostro, de que yo me ocuparía de atender al afable visitante. Ni los buenos días nos había dado, mal empezábamos. Yo ya lo conocía.

-¡Buenos días, Sr. Alytes!¿Qué se le ofrece?

Alytes obstetricans había sido alcalde, presidente de Junta Vecinal, y, si te lo contaba él, poco menos que diputado en sus buenos años, pero ahora que la lozanía brillaba por su ausencia, envidiaba tiempos pasados ejerciendo de presidente del coto de caza de Valdemorro. Siempre le había gustado presumir de autoridad, y la ejercía, o lo intentaba, con todo aquél que se le pusiese a tiro.

-Que tenéis que autorizar una esperas en Valdemorro.

Esta vez lo que contuvo a Mus fue un severo pisotón.

-¡Que buenos días, hombre, que qué se le ofrece!

Alytes era un poco espeso por naturaleza. Pero por la gloria de Camille que me iba a dar los buenos días. No era la primera vez que venía con intención de gobernarnos.

-Que tenéis que...

-¡Que buenos días, coño!

Por fin lo entendió:

-Buenos días, Forestux... Que digo yo que tenéis que autorizar una esperas en el pueblo, que los gochos nos están comiendo los sembrados.

Los buenos días, por fin, los había dado, pero esa actitud de que todo el mundo estaba a su servicio nunca me había gustado.

-Bueno, Alytes, esto funciona así, verá:

Me dispuse a explicarle pacientemente los trámites administrativos requeridos para tal fin; a los niños hay que desmenuzárselo todo... ¡Dichoso Napoleoncito!

-Lo primero que hay que hacer es una solicitud al emirato, yo se la tramito ahora mismo, y una vez allí el jeque nos requiere a nosotros por escrito para hacer una inspección del coto, informar de los daños, y, en base a ese informe, autorizar o no las esperas; si le parece, y por agilizar trámites, podemos ir ya reconociendo el terreno, el día de esta semana que le parezca.

-No, no, si con que pongas ahí que tenemos daños vale, que con el emir ya hablé yo.

-Ummmm, yap, pero yo no informo si no veo daños.

Que manía, primero, con dar órdenes, y segundo, con asumir que vamos a hacer un documento público a ciegas.

-Daños hay, ya te lo digo yo. Tú pon ahí...

-Que yo no pongo nada hasta que no haya reconocido el terreno. Ojos que no ven...

-Ya estamos, Forestux, tú como siempre. Si te digo que hay daños, es que los hay. Nos han tumbado todas las cebadas en las parcelas roturadas, en el Pozo del Sapo. Tú pon ahí...

Y dale con dar órdenes.

-Oiga, mire, D. Alytes, sin ánimo de ofender: no es esta cabaña el sitio más adecuado para que venga usted a dar órdenes, que jeques y emires aquí es lo que sobran, ¿eh?

-¿Que no? ¿Y a ti quién te paga el sueldo más que yo?¿Pero quién te crees que eres?

Qué costumbre es esa de echar el sueldo a la cara. Ni que pagase él los impuestos para los sueldos de todo el califato. Como ya lo conocía, y conocía también esos arrebatos de cólera, me levanté y me fui acomodando a su lado para más tarde animarlo amistosamente a que se fuese por donde había venido:

-Mire, Alytes, no vamos a discutir...

Esta vez fue él el que me interrumpió:

-¿Discutir? ¡¡Pues claro que no vamos a discutir, porque tú vas a hacer lo que yo te diga!! ¡Ahora mismo llamo al emir y verás lo que tardas en hacerme el informe!

Los gritos se tuvieron que oir desde las minas de Moria. Eso sí que no lo iba a consentir.

-Pues aleee, ya le llama usted desde la calle, que tenemos gente esperando.

Ahora sí, lo cogí del brazo y le animé a salir por la puerta.

-Pero tú, ¿quién te crees que eres? ¿Me estás echando?

-Ummmm,dejeme que piense... Mire usted, sí, le estoy echando. Y si vuelve a levantar la voz de esa manera lo volveré a echar el próximo día que vuelva. Y que sepa que aquí no somos los alguaciles de nadie.

Salió de la cabaña bufando, echando pestes, pero se fue; el resto de la mañana discurrió tranquila, con administrados educados y pacientes. No hay como soltar la adrenalina a primera hora, y ya todo se ve de color de rosa.

A la mañana siguiente recibí la temida llamada al móvil; nada más ver que el número salía de centralita me supuse quién era. Descolgué:

-Sarcarmos Forestux, lo quiere de viva voz o se lo pongo por escrito...

-...

-Soy Forestux, Policía Medioambiental, ¿quien llama?

-Esto... ¿Forestux? Mira, que soy Sorex, el emir de caza...

-Esperaba tu llamada, Sorex, cuéntame.

-Mira, es que ayer me llamó Alytes, el presidente del coto de Villamorro, me dijo que estuvo hablando contigo...

-Así es, lo animé a que abandonara la cabaña porque menudos humos.

-Joder, Forestux, cómo eres, me dijo que lo insultaste, que lo empujaste, y que lo echaste de la oficina. ¿Tú te crees que se puede tratar a la gente así?

-¿Y no te contó que vino dando órdenes a grito pelado? ¡joder, como cambia el cuento! Lo eché porque nos faltó al respeto, y habiendo más gente esperando su turno, y viendo cómo se ponía, no estaba dispuesto a dar espectáculo. Si no lo conoces tú...

-Ya, bueno, si fue así, es que tiene arranque el tío... Bueno, al grano: que hay que darles unas esperas nocturnas a esta gente, hombre...

-Pues nada, Sorex, me mandas por escrito el requerimiento de reconocimiento de la zona y ya te hago yo informe con lo que vea. Mañana mismo lo llamo y me paso por el coto, que hoy ya tengo la agenda ajustada.

-Pues venga, y ya pones en el informe que hay daños...

-Shh, pondré que hay daños, si los veo.

-Bueno, eso, si los ves, y ya me lo mandas, ¿eh?

-Sí, Sorex, tú tranquilo que lo agilizamos todo lo que podamos. Te puedo mandar un email con el telégrafo de la cabaña y te adjunto el informe, para acelerar el trámite.

-¡Ah! Pues muy bien, oye, así le damos salida cuanto antes. Buena idea. Y pórtate bien, no discutas con Alytes...

-¿Discutir yo? Si soy una balsa de aceite, ya me conoces. Pero si vienen con gasolina... Ale, mañana mismo te mando eso.

Listo. Sólo restaba citar a Alytes para hacer una inspección en el coto. Conociéndolo, quería que estuviese conmigo durante la visita. Quedamos al día siguiente, y estuvo toda la mañana muy distante y discreto. No sé si por la discusión anterior, o porque no encontramos ni un solo atisbo de daños de jabalí en los cultivos. Yo lo sabía de antemano, porque me gusta trotar y aquella zona la tenía bien andada. Y así lo plasmé en el consecuente informe, que, raudo y veloz como halcón en picado, remití al emir Sorex granarius. No tardó en volver a llamarme:

-Indiscrecciones Forestux a su servicio.

-Siempre de cachondeo, Forestux... Oye, que en el informe que me mandaste pone que no hay daños, ¿y eso cómo es?

-Pues es..., como que no hay daños.

-¿Pero no viste nada? Pues daños tienen, porque me dijo...

-Te dijo una mentira: estuve con él toda la mañana; me llevó a mil sitios, sin ton ni son, a sabiendas de que no hay jabalí, pero con la esperanza de encontrar algo por algún sitio. Mira, lo que había lo sabía yo de antemano, pero claro, os llegan ahí, al emirato, os cuentan mil batallas, y desde la oficina todo es creíble. Pero lo que hay ya lo sé yo: nada de nada.

-... (silencio administrativo)... ¿Y cómo le vamos a dar unas esperas a esta gente?

-Brrrr, pues no lo sé, tú eres el emir, yo soy un simple siervo.

-¿Tú no me mandarías un informe en el que pusieras que viste algo?

-¿Yo? ¿Me estás proponiendo que cometa falsedad en documento público? Y yo que pensaba que me ibas a invitar al cine... Ni de coña.

-...(Silencio administrativo vol. II)... Pues algo habrá que hacer...

-Pues nada, Sorex, ya me contarás lo que haces. Yo te dejo que tengo faena. Clic.

No tardó en llegar a la cabaña forestal una autorización para esperas nocturnas para dos rifles por noche durante una semana. Con dos cojones. Y sin mi informe, que se suponía vinculante.

Mus y yo bajamos tres días a media tarde a hacer nuestra particular espera en el coto de Villamorro. Las dos primeras noches vimos a Alytes apostarse, aburrirse, y volver para casa sin haber visto ni un grillo bien entrada la madrugada; el tercer día un incauto zorro se le cruzó a no más de 30 metros. El primer tiro cayó en el Cantábrico, y el segundo no lo ví caer, pero fuentes fidelignas me han contado que apareció una lancha pinchada de balazo en el Mediterráneo. El zorro salió corriendo por el medio, y Alytes, habiendo pegado ya los tiros y puesto en alerta al vecindario de mamíferos cercanos, recogió los bártulos y nos dejó tiempo para tomar un café calentito en un bar que aún estaba abierto cuando llegamos a la cabaña comarcal: un lujo en servicios nocturnos.

-¿Mañana volvemos? -Mus estaba inquieto; la juventud es lo que tiene.

-Yo mañana duermo en mi cama.

-¿Y eso? Este la lía...

-Mus: con esa puntería el monte se cuida solo.

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